Pecados de color

Nada es rendición
cuando
leyendas desérticas
han sido penetradas
del si mismo
de yo solo
del diamante
del viento de dunas
que no desea más cruces
sobre tus palabras.
He de paralizar el sentimiento
para dedicar los  deseos
al abrazo de  aguas
que me protegen
de  la vanidad
que asoma sobre  imposibles
que me habitan.

He de pedir  perdón
al sobremarco de mis entregas
y arrodillarme de nuevo
en la inocencia de los balbuceos.

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