Costal acuchillado sobre el piso.- Por Jimmy Valdez-Osaku

Abollada (dejando caer algún cadavérico espectro como costal acuchillado sobre el piso) la puerta resiste los zarpazos dados desde dentro.

Fuera, en un pasillo angosto de paredes chamuscadas, pistola apuntando la cabeza idiota de los hombres; la entera humanidad siendo un nudo apestoso de jirones, babeando la espuma ensangrentada de las deflagraciones (apilando cuerpos con imbecilidad suprema) los necios se aferran a la virulenta consigna del Armageddon.

Hongo radioactivo, bellotas de fuego. Balas en los fusiles de las bestias calcinadas (trozos de piel, visceral sustancia de balido horripilante, sed, mucha sed, y solo la macabra acidez de la muerte quemando la garganta).

He soñado con el pus de la memoria futura, la inmediata desolación tras la expansibilidad de las ondas, infiernos liberados cual represa desbordada (esa puerta de par en par) la magia negra que todo esfuma, un único golpe final, la enferma expresión del esteta.

Soñé con este preludio de seres desalmados (perno roto en la bisagra).

Estando allí, herido en el sentido total de las cosas, yaciendo Dios cobardemente asesinado en el “nombre imperecedero” de la nación.

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Mi último dolor

Separado parcialmente de tus dudas

busco un nuevo proscenio

donde mis gestos tengan magnitud.

He venido  a tus labios

y en ellos busco creencia y densidad

al tiempo que rompo  oraciones que engañaron

y enciendo una vela al Cristo de verdades.

Luego vuelvo al paseo y acaricio

al niño inocente

que me mira confiando junto a mi estatua.

 

 

Es como el infierno.-Por Jimmy Valdez

 

Es como el infierno. La ciudad es un asco. Solo el sentido de supervivencia empuja las velas del caparazón (y sé que todo es mentira).

Huele la nada a pura nada y vacío, mejor dicho, huele al craqueado en los espejos, huele al azogue en la frialdad del escarpelo.  Huele a columpio con chirridos al fondo.

Soy de status amorfo. Cólicos de pensamiento inundan las horas en la extraña empatía que experimenta la muerte. La muerte se cree gato o gata y me persigue como a un bollo de hilo dejado en la cesta junto al sofá verde y que luego patearon por pura ganas de joder.

Ayer me deshice de la razón de mi vida. Anoche corté la garganta al único llanto que me quedaba en el baúl de la infancia. Anoche acometí todos los reveses permitidos. Anoche dormí entrando en los estados de la descomposición.

Es el infierno lascivamente asustado con las muecas de mi rostro. Es el infierno en lacónica moldura dubitativa. Dije que todo es un asco y lo es.

Pecados de color

Nada es rendición
cuando
leyendas desérticas
han sido penetradas
del si mismo
del yo solo
del diamante
del viento de dunas
que no desea más cruces
sobre las palabras.
He de paralizar el sentimiento
para dedicar los  deseos
al abrazo de  aguas
que me protegen
de  la vanidad
sobre  imposibles
que me habitan.

He de pedir  perdón
al sobremarco de mis entregas
y arrodillarme de nuevo
en la inocencia de los balbuceos.

Ayer tarde- por Jimmy Valdez-Osaku.NY

Ayer tarde una persona a la que amo mucho, compartió unas palabras llenas de cariño, recordación y esperanza tras la muerte temprana a causa del cancer de una de sus primas.

La joven fallecida, cuya foto encabezaba el texto, sonreía en la imagen con gracia y belleza agradecida (observe la fotografía y quedé profundamente sumergido en las dudas y los síntomas propios de la tristeza).

Pensé mucho en los derroteros propios y ajenos. En las batallas perdidas y en los trechos ganados de nuestro tiempo y sociedades. Pensé en los que se afanan hasta las más marcadas angustias por las banalidades cotidianas del mercado, las apariencias, lo insustancial que resulta el afán de acumulación de bienes, bienes que al final de las cosas no son más que absurdos que alguien heredará, usará o lanzará a la basura como seguramente ocurrirá con nuestra memoria.

Nacemos con la muerte hermanada a cada bocado de aire. Nacemos para descodificar los entornos, reflejar en nosotros las circunstancias de la atmósfera y en el mejor de los casos transformar dicha realidad para bien común, legado común, trascendencia.

Mi salud no anda muy buena estos días, estos meses, desde hace una época. Miro las cosas con cierta melancolía, pero con aprecio, con amor, tratando de estar a la altura de los supuestos.

No entiendo la ambición que registra el mundo en estos momentos por quererse borrar de la faz de la tierra. No entiendo a nuestros malvados políticos de mierda, mientras centran todas las voluntades y esfuerzos de sus gobiernos en ahondar los peligros de las guerras nucleares, la degradación de lo que sostiene la vida en el planeta, el empeño en obtener ganancias mientras exprimen al pobre con la infamia, bestialidad y cinismo de todos los daños.

No comprendo la falta de entendimiento de las clases afectadas. La falta de acuerdo, la irracionalidad sostenida de nuestros insignes dirigentes. No comprendo a la izquierda con la que se disfrazan muchos. No comprendo a la derecha que mientras más explota, maltrata, causa desgracias, continúa el ritmo destructivo de sus políticas y asaltos.

No comprendo a los que no pueden comprender que la jodida vida es hoy! Que no es mañana, que no hay mañana sin el bendito hoy. No entiendo a los que todo lo basan en los ayeres, en las gestas realizadas por otros, mientras la realidad se los come con mordidas de hiena hambrienta y despiadada.

Viéndolo todo tal como es y tristemente concluirá, solo puedo sentir decepción y preocupación por mis hijos, por mi Camila, por los demás que son todo el amor de lo que soy.

No perdamos el tiempo mirándonos el ombligo. Tenemos una responsabilidad vital, necesaria, única de permitir la vida y no la muerte de lo regalado por Dios (crea usted o no crea en él).

Aquellos días de Cosmos.-Por Ignacio Bellido

Y sigo sobre el mapa del mundo

en  gestos de mendigo

acunando misterios

para morir al fin entre las ánforas.

He buscado este tono

para poder llegar hasta el mensaje

de las ondas del trigo

en mis ruegos de tarde

sentado en un sendero inexistente

cantando con tu voz

aquellos días de cosmos rodeados

perdidos en placer de nuestro cuerpo

acaso en amapolas renacimos

para saber del sol y su mensaje

y entregarnos de ermita.